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2 de junio de 2011

Lacrime d’amante al sepolcro dell’amata






Caludio Monteverdi, La Sestina.
The CWU Chamber Choir
Gary Weidenaar

La Sestina forma parte del Sexto Libro de Madrigales de Monteverdi y a su vez está dividida en 6 partes:

1. Incenerite spoglie.
2. Ditelo fiumi.
3. Darà la notte.
4. Ma te raccoglie, o ninfa.
5. O chiome d’or.
6. Dunque, amate reliquie.

Textos

Otra versión interpretada por Concerto Italiano, dirigido por Rinaldo Alessandrini


Il sesto libro de madrigali a cinque voci, con un Dialogo a Sette fue publicado en el año 1614. Se divide en dos partes, cada una de ellas encabezada por un amplio lamento –El Lamento d’Arianna y La Sestina– dividido en más secciones. Cierra la publicación Presso un fiume tranquillo, excepcionalmente concebido como diálogo a siete.
La experiencia teatral acumulada en L’Orfeo y L’Arianna y el resurgir de la monodia con ellos vinculada empiezan a hacer mella en el tejido madrigalístico. En muchos sentidos, el Sexto es un libro de transición. Si bien la plantilla escogida sigue siendo la habitual a cinco voces, Monteverdi busca nuevos equilibrios que rompen la tradicional homogeneidad polifónica del género. El conjunto de las voces es por momentos una suma de individualidades, una cantera de la que el compositor puede extraer múltiples y diversas combinaciones. La monodia empieza a ejercer una fuerza centrípeta que va otorgando a las voces un perfil cada vez más autónomo.



Las lágrimas de un amante

En marzo de 1608 y poco antes del estreno de L’Arianna, muere sorpresivamente Caterina Martinelli, joven cantante al servicio de la corte de Mantua para quien Monteverdi compone el rol protagónico. A modo de homenaje, Monteverdi escribe Sestina: Lacrime d’amante al sepolcro dell’amata, pieza que establece la conexión entre las dos partes del libro, pues Sestina es también un amplio lamento, es el llanto de un pastor cuya ninfa ha muerto. En Glauco y Corinna se reconoce a Vincenzo Gonzaga, Duque de Mantua y a la Romanina, apodo con que se conocía a Martinelli, favorita del duque.

Pero tanto dolor en música, tanto sufrimiento íntimo sugiere una inmediata segunda lectura y ésta es clara: Monteverdi no solamente escribe para su señor, Monteverdi plasma un último y conmovedor adiós para su esposa, Claudia Cattaneo, que había muerto en 1607.

Fuente

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