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19 de marzo de 2017

Missa Defunctorum ad Exequias Ludovici Primi Regis





Missa Defunctorum ad exequias Ludovici Primi Regis
6. Requiem
7. Kyrie

Sequentia
8. Dies irae
9. Tuba mirum
10. Rex tremendae
11. Recordare, Jesu pie
12. Ingemisco

13. Lacrimosa
14. Offertorium
15. Sanctus
16. Motete. Versa est in luctum
17. Agnus Dei
18. Communio

Misa de Difuntos a Luis I (1724) para Doble Coro, Solistas, Capilla y Orquesta de José de Torres y Martínez Bravo (ca.1670-1738).

Obra extraída del álbum Días de Gloria y Muerte. Dos misas de JOSÉ de TORRES (1670-1738)
de la Serie: Compositores en la Comunidad de Madrid. El Patrimonio Musical Hispano, Nº6.
Interpretan: ESTIL CONCERTANT con instrumentos de época.
Estrella Estévez y Carmen Botella (Sopranos)
Toni Gubau (Contratenor)
Josep Pizarro (Tenor)
Josep R. Gil-Tàrrega, Director


José de Torres y Martínez Bravo nació en Madrid en torno a 1670 y falleció en la capital del reino el 5 de junio de 1738. Entre una y otra fecha se enmarca la vida de un músico avanzado cuyo talento marcó el quehacer musical de las primeras décadas del siglo XVIII en España y América. Toda su trayectoria profesional se encuentra vinculada al ámbito cortesano donde desarrollaría una notable actividad como compositor, organista y teórico de la música.
Su biografía, como su obra, estuvieron marcados por el azar plagado de inquietudes y acontecimientos. Recibe su formación musical en el Real Colegio de Niños Cantores, donde ingresa en 1680. Sus maestros fueron probablemente Cristobal Galán en composición y Diego y Francisco Bruna en órgano. En 1686 obtiene por oposición la plaza de organista de la Capilla Real de Madrid, y comienza a ejercer como maestro de música del Colegio de Niños Cantores, puesto en el que destaca por sus cualidades como docente.

Después del exilio de Sebastian Durón en 1706, Torres fue asumiendo progresivamente las responsabilidades de composición y de esta época se conserva su zarzuela El imposible mayor. En 1716 asciende a primer organista, hasta que fue nombrado maestro titular de la Capilla Real y rector del Real Colegio de Niños Cantores en 1718. A partir de 1724 tuvo que compartir el magisterio con Felipe Falconi, hasta entonces maestro de la Capilla de S. Ildefonso en La Granja. Su trabajo en común va a conjugar la práctica nacional más tradicional y la corriente italianizante del momento.

Torres es uno de los compositores más importantes del barroco español. Aunque una parte importante de su producción debió perderse en el incendio del Alcázar o tras su muerte, las obras conservadas demuestran que alcanzó un completo dominio del nuevo estilo italiano, siendo el principal responsable de la modernización de la música española a principios del S. XVIII.

En 1699 funda la Imprenta de Música, la única con esa especialización en España y, bajo su dirección, edita buena parte de los mejores tratados teóricos de su época y publica numerosas composiciones religiosas y profanas, partituras de obras teatrales (como Destinos vencen finezas de Juan de Navas) y diversos tratados teóricos. Entre estos debe destacarse las Reglas generales para acompañar órgano, clavicordio o arpa (1702), el primer tratado de bajo continuo publicado en España, que reeditó en 1736 con un nuevo libro dedicado al estilo italiano y El arte del canto llano de Francisco Montanos.

Ingresó como organista en la Real Capilla por oposición en enero de 1687, desempeñando este oficio al mismo tiempo que ejercía sus funciones como compositor. El éxito no se hizo esperar y buena prueba de ello sería la edición de la obra Missarum Liber editada en 1703 en su Imprenta Musical y dedicada al rey Felipe V, obra que le confirmaría como compositor y que supondría a su vez su reafirmación en el ámbito cortesano, al gozar a partir de este momento del beneficio y protección del monarca.
De la importancia que llegó a obtener esta obra nos da buena muestra el elevado número de ejemplares que en la actualidad se encuentran conservados en los diferentes centros religiosos repartidos por la geografía española e hispanoamericana.


La Misa de Difuntos (1724) para las honras de Luis I de España
está cargada de una sonoridad plena, dramática, grave en muchas ocasiones y marcada con una profunda espiritualidad que a veces acongoja por la delicada sensibilidad, como sucederá en la sencilla súplica del Recordare Jesu pie de la Sequentia, con un expresivo de tiple. Se inicia esta Misa con el Introito Requiem aeternam, expuesto de forma pausada, casi contemplativa como si se tratase de una sentida plegaria, sin grandes exhibiciones vocales o instrumentales aunque revestida de la grandeza con la que está concebida la obra.

El Kyrie que le sigue avanza ya la fuerza expresiva del drama, construido en 3 secciones diferenciadas de carácter independizado, cuyo material temático no volverá a ser reaprovechado ni en el Sanctus ni en el Agnus Dei.

Pero donde la Misa adquiere su verdadera dimensión es en la Sequentia Dies Irae, muy reducida en relación con el texto original, ya que Torres ha suprimido 6 de las estrofas habituales, entre ellas, por ejemplo, el Confutatis maledictis. En total 6 secciones que se representan con una gran variedad de recursos, muy ricas en ideas y a veces sorprendentes. El Offertorium se destaca por su espléndida belleza. Contiene momentos de una gran rareza que presentan una concepción armónica muy avanzada, como sucede en la sección Libera animas...de poenis Inferni, en la que Torres va a utilizar un proceso continuo de modulaciones encadenadas que generan un dramatismo muy acorde con el contenido textual. Sin embargo donde la Misa presenta mayores sorpresas es en el Motete Versa est in luctum, incorporado en sustitución del Benedictus después del Sanctus, tal y como se practicaba en España, en el que la orquesta queda reducida tan sólo a las flautas y al cuarteto de cuerdas, que a modo de coro dialoga con los solistas, confundiéndose con ellos a veces en una sonoridad misteriosa conseguida con extrañas modulaciones.

El Dona eis Requiem sempiterna con el que cierra el Agnus Dei, constituye otro momento de gran intensidad. La música se reparte entre los 2 coros que repiten incesantemente la palabra "eternidad", superponiéndose rítmicamente en un proceso continuo de tensiones acumuladas a modo de espiral, tal y como sucederá en la Communio, en cuyo caso se logra esta sensación mediante la estudiada introducción de un diseño rítmico-melódico que poco a poco va adquiriendo importancia hasta convertirse en un verdadero ostinato que guía al texto hasta su consumación Cum Sanctis tuis in aeternum, esta fusión final entre texto y música en un continuo avanzar de energía acumulada se cierra con un pleno total de coros y orquesta de una gran serenidad, profundamente conmovedora.

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